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SANSONARRI ENTRE EL BOSQUE

    La vieja piedra, permanecía allí, arrinconada, rodeada como una isla en medio del océano, por un torbellino de cemento y hierro. El ancestral susurro del río cercano, había sido sustituido por un desenfrenado bullicio de fábricas, trenes, prisas,…

    La vieja piedra, permanecía allí, imponente, osada en su telúrico feudo, retando a toda esa vorágine que amenazaba con devorarla, con destruir para siempre, todo aquello que representaba.

    La vieja piedra, permanecía allí, orgullosa, altiva, sabiéndose atesoradora de los rescoldos, los últimos tal vez, de una cultura vieja como ella, como las montañas, una cultura ancestral que se deshacía tan rápidamente como las prisas que la habían postergado en su pequeño rinconcito.

    La vieja piedra, permanecía allí, bella, escultural, como un diente pétreo, elevándose hacia el cielo, guardando, aún hoy la vieja leyenda de Sansón.

    La vieja piedra de Sansonarri, se eleva hacia las alturas en un rinconcito del barrio San Esteban de Tolosa, destacando en su humildad entre el maremagno de fábricas, junto a uno de los olvidados caminos que subían hacia Urkizu y el mágico macizo de Ernio. Rodeada de cemento, se agazapa al arrullo del monte, muy cerquita del río Oria, siendo uno de los pocos lugares vinculados a la mitología, que se conservan en la antigua capital de Gipuzkoa.

SANSONARRI ENTRE UN MAR DE CEMENTO

“Cuentan las viejas leyendas de la mitología de los vascos, que el gigante Sansón, lanzó la mítica piedra de Sansonarri, desde el monte Uzturre, con intención de alcanzar la propia villa de Tolosa, pero en el momento preciso del lanzamiento, resbaló con una boñiga y perdiendo fuerza en el impulso, la piedra fue a caer donde hoy la encontramos.”

    El mito de Sansón, está muy extendido en nuestra tierra, pertenece al ciclo de gigantes mitológicos, responsables de diversas construcciones, así como de la ubicación de varios megalitos en nuestras montañas.

    Los gigantes más representativos de nuestra mitología, son los jentiles o gentiles, relacionados directamente con la llegada del cristianismo a tierras vascas, con la implantación de la nueva religión, terminando, con ello, su tiempo. Se les tiene como representación de lo pagano, en oposición al Cristianismo, si bien algunos estudiosos van más allá viendo en estos personajes el enfrentamiento entre el bien y el mal, o el pasado con el presente. Pudieran ser los herederos del ancestral culto, de origen animista, a las montañas, tan presente entre los vascos y otros pueblos de la vieja Europa, con el tiempo dicho culto, fue adquiriendo una forma humana, tangible, surgiendo de esta forma el mito de los jentiles, seres que se resisten a descender de su feudo ancestral de las montañas. Los jentiles son considerados como colaboradores con los humanos en la construcción de diversas iglesias y ermitas, pudiendo verse, aquí, quien sabe, si en una representación del sometimiento de los “infieles” a la nueva religión. Pero en otras ocasiones se oponen a la llegada de esta, por lo que intentan destruir los templos cristianos, lanzando grandes rocas desde las cimas de las montañas, que, errando en el tiro, el proyectil no consigue alcanzar su objetivo quedando en mitad de las montañas donde aún podemos verlos. En muchas ocasiones se les presenta como seres de fuerza descomunal, pero profundamente ingenuos, a los que los humanos, cristianos, derrotan, viéndose claramente una representación del triunfo de los nuevos usos frente a los antiguos.

DOLMEN DE JENTILLARRI EN ARALAR

    Pero encontramos dos personajes muy interesantes, dentro de esta categoría de gigantes, como son Sansón y Roldán, ambos representarían la asimilación mitológica de un personaje histórico. Veamos primero al protagonista de nuestra leyenda. Según un relato de la Biblia Hebrea, Sansón fue uno de los últimos jueces israelitas antiguos. Estos jueces, eran, también conocidos, como los Hijos de Israel, o las Doce tribus de Israel. Según narra la Biblia, Abraham, el primero de los tres patriarcas del judaísmo, engendró a Isaac, padre de Jacob. Este último tuvo doce hijos, que se unieron a los dos hijos de José el Soñador y fundaron las doce tribus de Israel, fueron reconocidos como descendientes de los patriarcas, y entre ellos repartió Josué, – sucesor de Moisés elegido por Dios durante la conquista de Canaán -, la Tierra Prometida, es decir la tierra de Canaán. Sansón, cuya historia se describe en el libro de los jueces, es presentado como una figura fuerte para combatir a sus enemigos, capaz de actos casi sobrehumanos. Por ejemplo, se cuenta que venció a un león sin armas, destruyó un templo filisteo con sus manos, o venció a todo un ejército usando tan solo la mandíbula de un burro. En el libro se presenta el origen de esta fortaleza, únicamente para realizar actos por la voluntad de Dios. Debido a esta forma de presentar al héroe bíblico, la mitología de nuestra tierra, lo asumió como un gigante de fuerza descomunal.

PIEDRA DE SANSONARRI

    Sucede lo mismo con Roldán, también conocido como Errolan, Roland u Orlando, fue un comandante de los francos, – pueblo germánico que llego a dominar un vasto territorio en Europa-, y sobrino del Emperador Carlomagno. Vinculado históricamente a la batalla de Roncesvalles, donde fue muerto por los vascones, el 15 de agosto del 778. Su vida pasó a ser leyenda literaria, formando parte de la llamada Materia de Francia, conocida también como ciclo carolingio, se trata de un conjunto de leyendas que componen las conocidas como canciones de gesta, en la literatura medieval francesa. Sus hazañas se narran en el conocido como Cantar de Roldan, poema épico, escrito aproximadamente en torno a los años 1086 y 1104, en el que el héroe, aparece dotado de un cuerno y de su espada Durandarte. Este poema, corrió por toda Europa, adquiriendo gran éxito, también lo hizo por el Camino de Santiago, autentica autopista cultural de la época, llegando a tierras navarras, e iniciando, probablemente, una simbiosis entre el mito y la historia, siendo paulatinamente asumido por las creencias mitológicas de las gentes de estas tierras.

ERROLDAN-ARIYA, EN EL VALLE DE ATA

    Daros prisa, amigos lectores, acudir a Sansonarri, acudir a sentir su magia, su energía atávica, magnética. Acudir antes de que la ignorancia, la desidia o los intereses oscuros, acaben con ella, y por consiguiente con todo lo que representa y atesora. Acudir a Sansonarri, antes de que se convierta en un olvidado recuerdo, dormido en algún legajo de alguna biblioteca igualmente olvidada. Acudir a Sansonarri antes de que sea tarde, acudir a tocar con la punta de los dedos nuestros viejos mitos, acudir con respeto y curiosidad, la vieja piedra permanece y esperemos que permanezca, deseosa de compartir con vosotros parte de su magia ancestral, de su magnetismo irresistible, de su belleza de caliza y tiempo.

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