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URREAKO HAITZAK DESDE AZKARATE

  El viejo hayedo cubre con su magia el ancestral paso de la montaña, testigo del deambular de contrabandistas, peregrinos, pastores, caminantes, viajeros,…, desde tiempos inmemoriales, un paso un tanto mítico, cuyos ecos resuenan en quienes amamos la impresionante sierra de Aralar, se trata del collado de Zarate. Este legendario e importante cruce de caminos, ha sido testigo mudo de una dilatada historia que ha ido desgranándose pausadamente entre el misterio de sus veredas.

LA MAGIA DEL BOSQUE

  Las hayas dibujan extrañas formas, sombras casi surrealistas, fundiéndose con la bruma que sube de fondo del valle. La imagen es un tanto fantasmagórica, irreal, como sacada de un cuento. Y es que estos parajes saben mucho de eso, de cuentos, de leyendas, contadas durante siglos al calor del hogar, mitos legados de abuelos a padres, de padres a hijos, fábulas que nos hablan de personajes fantásticos, algunos terroríficos, otros hermosos, que se agazapan bajo la dulce hojarasca del bosque esperando a que caminemos a su encuentro, a que nos acerquemos a su magia.

  Dos hermosos valles se acurrucan al abrigo de este collado, dos valles custodiados por una hermosa sierra magnética, imponente, una sierra que muchos llevamos en el corazón, allí donde más calorcito hace, la sierra de Aralar. Por un lado el valle de Araitz, tallado a pico por el río Araxes, en su búsqueda perpetua, arcaica del Océano, y por otro el valle que se descuelga en busca del río Amezketa, al pie de Txindoki, la gran montaña mágica. Nos encontramos bajo los farallones de la cara norte de Aralar, en donde esta magnifica montaña muestra su cara más agreste y salvaje.

  Conocer este pequeño y bello rincón de nuestra geografía es un delicioso paseo apto para todo el mundo, pero podemos ampliar un poco más nuestro caminar y conocer la vieja leyenda de las peñas de Urreako Haitzak, además de enlazar las dos vertientes de la montaña, caminando por los dos valles. Comencemos.

  La ruta parte del pequeño pueblo de Azkarate, perteneciente al valle navarro de Araitz, al que accedemos por una carretera desde la localidad de Atallo, donde aparcamos nuestro vehículo. Nada más comenzar a caminar tomamos una pista que en marcada subida, se dirige hacia el cementerio de la localidad, siguiendo las marcas del sendero GR-20 (Vuelta a Aralar). La impresionante mole del pico Balerdi vigila nuestros pasos desde su altura inexpugnable, una pirámide que atrae constantemente nuestras miradas curiosas.

BALERDI

  Nuestro primer objetivo se ve embaucador hacia la derecha, se trata de Urreako Haitzak, también conocidas como Urreagako Haitzak. Vamos ganando altura, hasta enlazar con el sendero PR GI- 2007 (Vuelta Zarate), pronto nos situamos en el collado de Urdilleko o Gurdilleko lepoa. Solo nos resta, cruzar la langa por una portezuela colocada para tal efecto, y ascender el último tramo que nos lleva a su rocosa cima de 785 metros de altitud. Nada más pasar la langa, vemos a nuestra izquierda una curiosa pared, donde los pastores jugaban a la pelota, rincón conocido como “pelotaleku”. Desde la cumbre, las vistas son un impresionante deleite para los sentidos, las Malloas en su total esplendor, la cumbre de Balerdi, allá arriba sobre nuestras cabezas, el valle del Araxes, y un sinfín de cimas, valles, bosques,…, que nos sugieren futuras caminatas.

PELOTALEKU DE URREAKO HAITZAK

  Esta cumbre es para mi uno de esos lugares que guardo en mi alma, creo que todos tenemos nuestros pequeños rinconcitos acurrucados en lo más profundo de nuestro ser, montañas, ciudades, cuevas, ríos,…, lugares unidos a momentos felices de nuestra vida, a gentes, a sensaciones. No sé creo que esos lugares nos han hecho de alguna misteriosa manera lo que somos, lugares a los que siempre deseamos volver.

CIMA DE URREAKO HAITZAK

Una vieja leyenda cuenta que en esta montaña se encuentra enterrado un tesoro, en un punto bajo el promontorio rocoso de la cima. Para encontrarlo se debe ascender de madrugada, y esperar a que una oveja marque con su pata el punto exacto donde se encuentra con los primeros rayos de sol. Este mito, que da nombre a la montaña, (Urre = oro), está muy generalizado en toda la mitología vasca, y se relaciona directamente con antiquísimos cultos a la tierra, a la Ama Lurra. En las antiguas creencias vascas, la tierra es madre del sol y la luna, ambas de género femenino, a cuyo seno regresan tras su periplo diario. También es dadora de alimentos, morada de genios y númenes y de los antepasados. Por ello era común ofrecerla rogativas, de hecho, en muchas cavernas, dólmenes,… se han encontrado monedas, posiblemente votivas. Este mito es común a otras culturas, por ejemplo en el mundo celta encontramos un caldero de oro al final del arco iris, o en la cultura atlántica de la Península Ibérica, encontramos leyendas de tesoros enterrados en castros, custodiados por “mouros”, que le serán desvelados a quien se acerque allí en la noche de San Juan, siempre se trata de tesoros plenos de sabiduría natural no de riquezas materiales.

  Quizás debamos, en estos tiempos de desastre ecológico, fijarnos en estos viejos cuentos y retornar a la riqueza, a la sabiduría de la naturaleza, nuestro autentico tesoro.

  Retornamos al collado y podemos pararnos a contemplar los restos del dolmen de Trikutseta, descubierto por Jesús Elosegi en 1964, y que nos susurra desde la distancia, la importancia que tuvo este lugar para el hombre neolítico. Una puerta metálica junto a una baliza nos mete de lleno en un bosque de confieras y argomas, llegamos a un cruce de caminos balizado, donde optamos por seguir a nuestra derecha.

COLLADO DE URDILLEKO LEPOA BAJO EL BALERDI

  Sin perdida vamos descendiendo hasta un precioso hayedo donde poder sentir la magia del bosque. Sobre nuestras cabezas, en lo alto de la montaña de Balerdi, se encuentra una cavidad conocida como Sugar Txulo.

Se cuenta que en la cueva de Sugar Txulo, ubicada en el monte Balerdi, vive Sugaar, una descomunal y aterradora culebra, marido de la diosa Mari, la principal deidad del panteón vasco. En la noche, surge en forma de hoz de fuego desde el cercano monte Otsabio, y se introduce en su morada de Balerdi. Sugaar y Mari generan terribles tormentas cuando se juntan. Castiga a quien maldice a sus padres, principalmente a su madre, y está relacionado con el primer señor de Bizkaia, el mítico Jaun Zuria, fruto de la relación de Sugaar con una princesa escocesa.

El camino, sin perdida, pierde altura y pasa por una borda antes de llevarnos directamente hasta la barriada de Bedaio, perteneciente al municipio de Tolosa.

  Este recóndita aldea, perteneció a la familia de los Berastegi, destacados miembros del bando Oñacino durante las, medievales guerras de banderizos, si bien es posible que fuera una especie de feudo regido por una sola familia. Es en 1544 cuando aparecerá un documento en el que se refleja que Bedaio pertenece a la jurisdicción de Tolosa. En su iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, se guardaba la tradición de las “argizaiolas”, esas tablillas con forma humana en la que se enroscaba la cera que guiaría al difunto en su viaje al más allá. Una curiosidad respecto a este templo, es que la imagen de Santa Ana que se ve en el altar, estuvo en la desaparecida ermita que había en el poblado minero de las minas del cercano valle de Arritzaga, la campana de esta ermita la bajo el cura escondiéndola en el gallinero. Tal vez solo sean viejos cuentos, pero son pequeños retazos de nuestra historia.

  Dejamos atrás Bedaio y debemos, ahora, continuar por la carretera de acceso al barrio desde Ugarte, tras un tramo de asfalto, vemos un desvío a nuestra derecha que nos lleva al magnifico caserío de Gurbil Aundi. Considerado uno de los de mayor tamaño de Gipuzkoa, si no el mayor, sus recios muros esconden un enorme patio donde se llegaron a celebrar romerías, su origen puede ser militar o religioso. Una anécdota vinculada a este caserío nos habla de algo tan en auge hoy en día como las carreras de montaña. Y es que desde aquí partió una apuesta entre un habitante del caserío y otro del cercano Gurbil Txiki, que se retaron a ver quien era el primero en alcanzar las bordas de Zabalegi, y regresar al lugar de salida, el ganador fue el de Gurbil Txiki.

  Debemos ahora seguir las marcas amarillas y blancas, que nos llevaran ganando altura suavemente hasta Zarate, caminamos por senderos de contrabandistas. Estas veredas fueron testigos de las andanzas de los estraperlistas, que por estos parajes, burlando a los guardias, pasaban mercancías diversas entre Navarra y Gipuzkoa, en tiempos de la posguerra. En determinados caseríos y ventas, escondían la mercancía, hasta que, de noche, y utilizando secretos senderos de montaña, pasaban los diferentes productos. Se daba la circunstancia de que en muchas de estas ventas, los guardias estaban consumiendo en la fonda, y en su desván estaban los contrabandistas preparando los bultos. En muchas ocasiones .incluso se compinchaban con los guardias que hacían la vista gorda a cambio de una recompensa-

COLLADO DE ZARATE

  Seguimos ascendiendo desgranando calmadamente estas viejas historias que atesoran nuestras montañas, y de pronto, el bosque. La profunda belleza del hayedo del collado de Zarate, nos recibe de forma casi irreal, un tanto sublime, las hayas trasmochas fruto de la mano del hombre nos susurran su secreto, nos invitan a sentir su esencia que quizás sea la nuestra. El bosque nos devuelve a nuestro ser, nos calma, nos aporta paz, esa paz única que tan solo los viejos árboles son capaces de regalar.

HAYEDOS DE ZARATE

  Solo nos resta descender a Azkarate, siguiendo el amplio camino, tras pasar junto a los restos de lo que fue un puesto de vigilancia de “Mikeletes”. Nos acercamos al pueblo, para callejear entre sus magníficos caseríos propios de la montaña navarra y llegar al punto de partida.

AZKARATE

  Sobre nosotros quedan las Peñas de Urreko Haitzak, guardando su tesoro, quizás una pequeña parte de él ha quedado impregnada en nuestra alma errante de hojarasca y viejos senderos.

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